
La editorial Gustavo Gili publicó el pasado año este libro escrito por Martin Salisbury, diseñador y director del programa del máster en Ilustración de libros infantiles de la Anglian Rushkin University. Dice el autor en la introducción del mismo: ” En una época en la que, día a día, consumimos un festín de imágenes cada vez más complejo y sofisticado, que se nos bombardea desde todas las direcciones, quizá no nos sorprenda que en el arte de ilustrar para el público infantil haya ocurrido casi una revolución. Este mundo secreto, que se hace invisible a los ojos de la mayoría de los adultos, ha presenciado en los últimos años la afluencia de una generación de artistas gráficos profundamente imaginativos, que se sirven de una rica variedad de técnicas ( tradicionales, digitales y una combinación de ambas) para complementar la labor de los artistas más consolidados de este fascinante campo del cometido creativo. […] Los dibujos de los libros ilustrados comunican gran cantidad de cosas a los pequeños y son mucho más que una pista servil, bajo las órdenes de las palabras. Además soy de la opinión de que las ilustraciones de los libros infantiles desempeñan en el proceso de desarrollo del niño una función mucho más importante que el puro auxilio a la lectura. “
El autor hace así un repaso a la labor de aquellos artistas de la ilustración que, en su opinión, están aportando con su trabajo una nueva perspectiva a la edición de libros infantiles de calidad y que siguen la senda marcada por los que hoy son ya clásicos como Maurice Sendak, Eric Carle o Satoshi Kitamura. Incluye en su libro a 36 artistas gráficos de diferentes países y culturas (no todos publicados en España), entre los que se encuentran Elena Odriozola y Noemí Villamuza.
Interesante para cualquiera que disfrute con la literatura infantil, el libro no deja de lado la pregunta de hasta qué punto los artistas ultilizan la ilustración de libros infantiles como un medio legítimo para desarrollar todo su potencial, pero perdiendo de vista a los que son los destinatarios finales de su obra, es decir, los niños. O la sensación, compartida por muchos de los que tenemos relación con este mundo, de que existe una cierta descompensación o , a veces incluso una separación tajante, entre texto e ilustración en algunos de los libros que se publican.
En todo caso, no deja de resultar muy estimulante constatar la calidad y variedad artística a la que pueden acceder los niños que tienen la fortuna de encontrar a los intermediarios adecuados y la fascinante labor que tenemos por delante aquellos que intentamos contribuir a que su número siga creciendo.
Escrito por : Martin Salisbury.
Editado por: Gustavo Gili.


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