
Kembo es un magnífico león africano. Ya se sabe, el rey de la selva: majestuoso, poderoso, fiero, aterrador y….¡vegetariano!. Claro que esto último lo desconocen sus víctimas ; las mujeres Babalunga, el jefe de los Kamolongos, un clérigo inglés y su hija de apostolado por África, o el viejo y orgulloso coronel francés; todos ellos objetivos predilectos de las bromas de Kembo, que lo único que pretende es divertirse un poco en esa selva tan aburrida. Hartos de pasar miedo deciden contratar a un famoso explorador americano, cazador de leones y protagonista de un buen número de películas de aventuras. Joe Toscana, que así se llama el cazador, consigue, tras múltiples intentos, atrapar a Kembo y vendérselo al Circo Medrano, donde el león conocerá una realidad muy distinta a la de la selva africana; pero Kembo es un león de recursos y pronto se hará cargo de su nueva situación, de una forma que no revelaremos. Tan sólo una pequeña pista : ¿conocen al famosísimo león de la metro?.
Una historia llena de guiños al cine de aventuras clásico; con trasatlánticos, músicos de jazz, jóvenes damiselas, aguerridos exploradores, predicadores, coroneles de punta en blanco en plena selva y, por supuesto, toda la magia del circo, cuando el circo era un gran espectáculo.
Con este este peculiar homenaje a una década, la de los años 30 del siglo XX, en su visión más romántica y cinematográfica, se inicia Carlos Pérez en la literatura infantil (al menos hasta donde nosotras sabemos) y lo hace utilizando como herramienta principal el humor, en una narración muy cuidada pero que no pierde de vista ni por un momento el público al que va dirigida. Le acompaña un ilustrador al que se reconoce de inmediato nada más echarle un vistazo a la portada y cuyas características ilustraciones de corte geométrico , también plenas de sentido del humor, se avienen de maravilla con la historia. Hablamos por supuesto de Miguel Calatayud, último Premio Nacional de Ilustración ( del que recientemente Kalandraka reeditó el “Libro de las M`Alicias”, con texto de Miquel Obiols, dándonos la oportunidad de descubrir esa pequeña joya a los que no la conocíamos).
Los dos autores y la editorial apuestan una vez más por el álbum ilustrado para una franja de edad ( a partir de los 10 años) que da mucho juego, pero a la que desafortunadamente cuesta bastante hacer llegar este tipo de propuestas; quizás porque el libro ilustrado se sigue asociando a prelectores y primeros lectores y no acabamos de comprender que las imágenes también requieren de una lectura activa que es necesario educar para dotarla de profundidad y capacidad crítica; incomprensión ésta que no deja de ser paradójica en una cultura tan marcada por lo visual como es la nuestra.

Escrito por: Carlos Pérez
Ilustrado por: Miguel Calatayud
Editorial: Kalandraka
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